Si fuese verdad aquello de que las casas tienen carácter, ésta sería entonces una casa bipolar o con trastorno de doble personalidad. No culpemos, en cualquier caso, a sus dueños. Esta joven pareja de origen neerlandés está perfectamente sana y cuerda, pero han preferido “mojarse” y divertirse mientras veían sus polifacéticos gustos representados en cada rincón de su nuevo hogar. Ellos son un tándem romántico, pero también profesional que ha decidido recrearse y jugar a imaginar atmosferas distintas para cada habitación de su nueva casa, en vez de apostar por un refugio enteramente neutro, de apariencia unitaria o minimalista que, aunque fuese reverenciado por los arquitectos que miran las revistas de diseño, los matase de aburrimiento durante los próximos veinte años.